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Desde que estoy habitada, muchas cosas cambiaron. Y no me refiero solo a mis pantalones, no no, sería obvio decirlo, aunque me pregunto que sentido tiene pensar qué me voy a poner para ir a ver a Julio Bocca sí de la cintura para abajo puedo ir, en calzones, en jogging o en el vestido de casamiento. Ahora bien, mis cambios múltiples, complejos y forzados en mi rutina diaria, han hecho de mí, un ovillo de quejas por dolores, naúseas y sus consecuencias implacables, especies de antojos, sueño e insomnio a veces juntos, extraños gustos gastronómicos, y el simpático : -Ahora no puedo!. Camilo y Miky padecen, con mucha insistencia, la vivencia de la espera ansiada. Aparte de verme tejer (porque no llego), llorar (por causas tan variadas como intangibles), amarlos con eterna bondad y ahogo, que Camilo ahora es grande... y todavía no sabe bien porqué, pero se convirtió en maestro, protector y guía del ser que viene; nosotros mismos ahora somos padres con una experiencia, con detalles a repetir y otros que no. Entre los celos manifiestos de Camilo en abrazos intensos con lágrimas desesperadas, sabe bien que el bebé ya está... me acaricia y besa la panza, también lo manda a dormir, al grito de: -Mir!!; yo que el bebé me duermo. En resumen, me siento para el culo, tengo la esperanza de que estos síntomas se me pasen y sí no es así, tendré todo lo que no tuve en el embarazo de Camilo; agradezco a Dios la bendición de un hijo, estamos en la dulce espera. Como verán en la foto, Camilo en traje es un encanto otoñal.Publié par sefueenuncrucero à 14:36:20 dans se fue en un crucero | Commentaires (3) | Permaliens
31-05-2007 21:08
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